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Tengo una hija de 4 años

“Solía creer que para ser libre tenías que practicar como un guerrero samurái, pero ahora comprendo que tienes que practicar como una madre que cuida a su hijo recién nacido. Ambas acciones toman la misma energía, pero tienen una cualidad completamente diferente. Es la compasión y la presencia plena la que libera y no el tener que vencer a un enemigo en la batalla”.
Jack Kornfield

 

Tengo una hija de cuatro años. A veces es muy intensa, como todos las niñas y niños. O eso me digo yo para reconciliarme con ella y conmigo.


Tener una marca no es como tener una hija. Pero a veces creo que sí.


Tengo una hermana que habla de su marca como si fuera su hija. Tiene otra de carne y hueso, y un perro, al que también le llama hijo. Así que tiene 3. Menos mal que a su marido le llama marido, porque si no empezaría a preocuparme.


Tener una marca, ahora ya me pongo seria, no es como tener un hijo. Hay muchas evidencias que lo demuestran. Pero a veces siento que nuestras marcas son más hijas de lo que pensamos y sentimos.


Con mi hija me pasa igual que con mi marca. De vez en cuando siento que estoy creando un monstruo. Porque me equivoco, porque le transmito cosas que no me gustan de mi, y porque ella a veces me copia y me quiero tirar por el balcón.


A veces, esto también lo creo, siento que tiene una madre cojonuda, que le va a aportar cantidad de cosas buenas. Y me doy un homenaje.


Una marca se alimenta de ti, siente como tú sientes, respira como tú lo haces. Quieras o no quieras.


A veces se me olvida lo importante que soy para mi marca. Lo que puede aprender de mi y lo difícil que se lo pongo a ratos.


Una marca es reflejo de quien hay detrás. Lo quieras o no lo quieras ver. Y es más bonito reconocerlo y aprovecharlo que dejarlo pasar.


Es como cuando educas a tu hija. Que tienes las mismas opciones de aprender que de enseñar.  


Y así es. No me invento nada nuevo.


Te lo cuento porque a mi me ayuda reconocerlo. Por si te ayuda a ti también.

Gracias por estar aquí, y por leerme aunque a veces sea un peñazo y a veces te abra los ojos.

Un abrazo enorme,
María


P.D. En realidad tengo dos hijas. Tengo a mi hija de carne, hueso y corazón, y pelo rubio rubísimo, que no parece mi hija. Y tengo a mi marca, que también es mi hija.

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